Tras la turbidez del ocaso

Tras la turbidez del ocaso se esconde el fuego
y una suave túnica blanca entra en juego.
Con su brillo tenaz alimenta al ser ciego
que antaño tornó su alma en terreno liego
mas a pesar de todo siempre fue hombre mego
amigo de la tranquilidad y del sosiego.
Pero el supremo dejó de notar su apego,
sintió como negó ser trivial borrego
y los intentos de pasarle por mujeriego
le trocaron en ser moralmente cadañego.
Ni cielo ni infierno, pues no hubo enjalbiego.

MMC.

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