El portador de luz

    Pasé de portar la luz a adversario por lo que siempre ha sido considerado justo castigo. Bajo la acusación de soberbia aniquilaste mi condición y nos expulsaste de aquello que tanto tiempo llevó levantar. Tú y yo sabemos que no es soberbia mi pecado y que luchar por la libertad de toda criatura me ha llevado a vagar por los siglos de los siglos esperando un gesto compasivo que nunca se producirá. ¿Es acaso un pecado ser como tú has querido que sea?

El portador de luz

El portador de luz

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No temas

   La noche había caído y yo fingía dormir. Las hojas bailando al viento hacían de la oscuridad algo tenebroso. Los miedos afloraban y me acechaban. La puerta se abrió y la luz creó grotescas sombras que intentaban capturarme. Primero oí los pasos. La silueta coronada por aquel sombrero de ala ancha llegó después. La sombra se hacía cada vez más grande. Con suavidad se quitó el sombrero y se sentó en la cama.

   —No temas.

   Sus labios calientes se posaron en mi frente. Temblaba. No quería. Sabía que era doloroso, que gritar no servía. Lo había vivido muchas veces.

   —Tranquilo.

   Las lágrimas se escaparon de mis ojos. Forzaba todos mis músculos en un intento vano de echarlo. Me acarició la cabeza. Otro beso. Era la señal.

   —Toma la medicina, hijo.

   Cogió el sombrero y salió despacio, maldiciendo a un dios capaz de arrebatar cruelmente la vida de un niño.